El problema de la soledad

El problema de la soledad
Crédito Ismail Hamzah

Los efectos de la pandemia siguen haciéndose notar en la sociedad. Un reciente estudio de la Universidad de los Andes muestra que el 43% de los chilenos se siente triste la mayor parte del tiempo. Al parecer, el mundo tampoco está mejor. La Organización Mundial de la Salud declaró a la soledad como un problema de salud pública dado que trae varias complicaciones relacionadas a la salud mental y física. Un ejemplo es el estancamiento desde 2022 en el índice de emociones negativas de Gallup -que mide anualmente si las personas han sentido emociones catalogadas como negativas en el último tiempo – y que sigue siendo el valor más alto hasta la fecha.


Las dificultades relacionadas al bienestar de las personas traen grandes costos. En un reciente trabajo académico, investigadores estudiaron cómo la soledad -entendida como la sensación de sentirse aislado de la sociedad, que generalmente está acompañado de depresión y problemas físicos- generaría costos económicos y sociales en Europa, incluso afectando el crecimiento económico. La sensación de sentirse fuera de la sociedad -a diferencia de otras formas de estar solo como puede ser por razones de crecimiento personal- es la que trae efectos negativos para la salud dado que, como destaca el reporte del 2023 sobre soledad del departamento de salud pública estadounidense, las personas en esta condición tienen un mayor riesgo de desarrollar demencia, tener complicaciones cardiacas y de sufrir un derrame cerebral.


Para los romanos, como Arendt describe en La Condición Humana, “vivir” y “estar entre los humanos” son sinónimos, al igual que “morir” y “cesar de estar entre los humanos”. Esta idea refleja la condición de que el humano no existe solo en la tierra, sino que existe entre sus pares. Es en esta condición política, en la vida con otros, que el humano puede desarrollar su vida. Por lo mismo, los efectos de la creciente soledad son tan preocupantes, tanto por sus efectos económicos y sociales, como en la vida en general.


Ahora bien, la pregunta de fondo sigue siendo qué hacer frente a esta situación. A pesar de que en Chile los expertos han dicho que aún no estamos en una epidemia de soledad, como ha sido declarado este fenómeno en Estados Unidos, sí estamos encaminados para allá. Por lo mismo, es necesario desde ahora pensar en posibles soluciones de una manera integral; la educación en habilidades sociales de niños, la revitalización de las comunidades locales y pensar cómo nos estamos relacionando con la tecnología, entre otras cosas, son pilares que nos pueden ayudar a afrontar este fenómeno.

 


Columna publicada en La Segunda