Una reflexión sobre Valparaíso
Señor Director,
Tras el Día del Patrimonio, quisiera invitar a una reflexión sobre Valparaíso. Si bien las autoridades destacaron la alta convocatoria en espacios como el Edificio Cousiño, el hospital Van Buren y la Corte de Apelaciones, el deterioro de su casco histórico y sus ascensores requieren atención.
Trece de los 19 ascensores no funcionan, y varios están en ruinas. A ello se suma un gran número de inmuebles vandalizados, tomados o abandonados en pleno casco histórico. Ello ha alimentado el deterioro urbano y una ciudad cada vez más insegura, donde incluso la tradicional bohemia patrimonial se apaga al ritmo del cierre de bares y del comercio por falta de público y seguridad.
En contraste al abandono, iniciativas de restauración se ven bloqueadas por normativas obsoletas que imponen más trabas que incentivos. Casos como el del Centro de Neurociencias o el ascensor Arrayán deberían llamarnos la atención, pero parecen haberse normalizado.
Estos hechos debiesen motivar el debatir sobre un sistema que no funciona. Más allá de este día, Valparaíso enfrenta el riesgo de perder su estatus ante la UNESCO. Evitarlo exige revisar la legislación compatibilizar su protección con inversión y desarrollo.
Patrimonio y progreso no son una dicotomía; deben avanzar juntos si queremos construir un país orgulloso de su historia, como bien recordó la ministra Arredondo en este medio.
Carta publicada en El Mercurio