El porfiado espejismo

El porfiado espejismo

La aprobación presidencial suele ser el principal termómetro de la política. Sus alzas y bajas alimentan las expectativas del oficialismo y la oposición, como si el respaldo a un gobierno y la adhesión a sus ideas fueran de la mano. Sin embargo, los resultados de la Encuesta de Opinión Política (EOP) de Fundación P!ensa sugieren un escenario más complejo.

La última versión muestra una clara inclinación hacia principios asociados a la centroderecha y la derecha. La preferencia por el crecimiento económico supera por más de 40 puntos a la igualdad de ingresos, y quienes privilegian el orden, incluso a costa de ciertas libertades, prácticamente duplican a quienes priorizan estas últimas.

También predominan el mérito individual, la focalización de la ayuda estatal y el libre mercado. Estos números, por cierto, se mantienen relativamente estables respecto de 2025.

El contraste con 2021, cuando Gabriel Boric ganó la elección presidencial, resulta ilustrativo. Entonces, la distancia entre crecimiento e igualdad era de 19 puntos —la mitad que hoy— y existía un relativo equilibrio entre orden y libertades, así como entre universalidad y focalización. En distribución de ingresos, la relación era inversa: un 53% privilegiaba una distribución más equitativa, frente a un 30% que favorecía el mérito individual.

Ya en 2022, al poco andar el Gobierno, el tablero comenzó a desplazarse hacia la derecha, tendencia que se consolidó en los años siguientes.

Así, mientras Boric enfrentó tempranamente preferencias ciudadanas que se alejaban de su proyecto, Kast gobierna en un contexto ideológico considerablemente más favorable. Y, sin embargo, ambos registran niveles de aprobación similares en sus primeros meses. Esta paradoja revela un doble espejismo político.

Para el Gobierno, el espejismo consiste en creer que un contexto ideológico favorable basta para gobernar. Después de todo, cerca de un tercio de quienes se identifican con la derecha desaprueba su gestión, especialmente entre los sectores medios, los más golpeados por el alza de los combustibles y la crisis de empleo. Esos ciudadanos no han cambiado sus convicciones, sino su juicio sobre quienes dicen representarlas.

Para la oposición, el espejismo consiste en confundir el desgaste del Gobierno con una adhesión a sus propias ideas. Las preferencias consolidadas en los últimos años siguen presentes, por lo que el descontento con Kast no supone necesariamente un deseo de retornar al proyecto que lo precedió.

Una cosa es que los ciudadanos cuestionen los resultados de un gobierno y otra, muy distinta, que rechacen los principios que inspiraron su elección. Confundir ambos fenómenos puede conducir a estrategias ineficaces.

En definitiva, el Gobierno debe transformar una afinidad ideológica en confianza política, sin escudarse en que la ciudadanía comparte sus ideas para eludir la evaluación de sus resultados. La oposición, en tanto, debe comprender que el rechazo al Ejecutivo no garantiza la alternancia, y que la vieja tentación de “agudizar las contradicciones” podría profundizar su distancia con una ciudadanía que sigue sin identificarse mayoritariamente con sus ideas. Que nadie diga que no les avisaron.


Columan publicada en El Mercurio de Valparaiso