Presupuesto: descentralización en pausa
La discusión del Presupuesto 2027 vuelve a poner sobre la mesa una pregunta que Chile arrastra hace décadas. ¿Cuánto hemos avanzado realmente en descentralización? Las cifras de los Gobiernos Regionales (Gore) no son auspiciosas. Sus recursos caen más de 5% respecto de la Ley de Presupuestos 2026, un ajuste considerable para instituciones que debieran asumir un papel cada vez más relevante en las decisiones de inversión y desarrollo territorial.
Además, la reducción no es homogénea. Valparaíso registra una caída superior al 4%, mientras que la Región Metropolitana disminuye solo 2,3% y es la segunda región que menos cae. Es decir, en un presupuesto regional contractivo, la principal región del país resulta relativamente más protegida. Cuesta ver ahí una señal de que la descentralización sea una prioridad.
La conclusión es la misma si se mide la participación de cada Gore en el total destinado a los gobiernos regionales. La Región Metropolitana y Antofagasta suben más de 0,3 puntos porcentuales cada una, una cifra significativa en un reparto entre 16 regiones.
Eso implica menos espacio para el resto, justamente para las regiones que no son la capital política y económica del país ni tienen una base productiva vinculada a la minería.
El caso de Antofagasta merece una consideración aparte. El cobre vive un escenario muy favorable, impulsado por la transición energética y por la inversión en inteligencia artificial, cuya infraestructura es intensiva en electricidad y, por extensión, en cobre. Para las regiones mineras es una oportunidad de largo plazo.
Pero por eso mismo, la descentralización no puede descansar solo en las regiones que ya tienen ventajas derivadas de sus recursos naturales. Debiera fortalecer también la capacidad de inversión de las que parten desde una posición menos favorable. De lo contrario, se corre el riesgo de reproducir en el territorio las mismas brechas que se busca reducir.
Por otro lado, el proyecto sí contiene avances institucionales importantes. Refuerza las obligaciones de información de los Gore sobre sus proyectos de inversión, con un catastro anual y seguimiento mensual, y sube los estándares de transparencia y rendición de cuentas. Son mejoras necesarias, porque también importa que los recursos públicos se usen con eficiencia.
Sin embargo, más transparencia no sustituye una mayor descentralización fiscal. Para eso se requieren buenas instituciones regionales, pero también recursos y una distribución que permita cerrar brechas. Si el presupuesto de los Gore cae más de 5% y la Región Metropolitana gana participación relativa, la señal va en la dirección contraria.
Chile puede mejorar la rendición de cuentas regional, pero mientras las decisiones de gasto sigan favoreciendo al centro, la descentralización seguirá avanzando más rápido en el discurso que en el presupuesto.
Columna publicada en La Segunda