Crecer al 3%: El desafío de recuperar la confianza

Crecer al 3%: El desafío de recuperar la confianza

¿Es posible crecer por sobre el 3%? La interrogante volvió al centro del debate este ciclo electoral y, aunque existe cierto optimismo por parte de algunos candidatos, las proyecciones no lo son tanto. Para 2026 y 2027, el Banco Central estima un crecimiento de entre 1,5% y 2,5%, mientras que las proyecciones sitúan el crecimiento tendencial de la próxima década en torno al 2% anual. En el último ENADE, el ministro Grau señaló que las bajas expectativas –de los expertos y actores económicos– han incidido negativamente sobre el crecimiento en los últimos años. Si bien el rol de las expectativas es indiscutible, cabe preguntarse: ¿cómo influye la gestión del Estado sobre estas expectativas y el crecimiento?

Según la literatura, las expectativas y el crecimiento se alimentan recíprocamente en ciclos virtuosos o, en su defecto, viciosos. En otras palabras, las expectativas empujan el crecimiento, pero también el haber vivido en períodos de crecimiento económico genera mayor confianza en las instituciones gubernamentales y esa confianza es la que incentiva la inversión y mejora la productividad para un mayor crecimiento. Asimismo, un estudio reciente de Jiang y Man (2025), plantea que las narrativas creíbles —en especial cuando se transforman en compromisos institucionales— fortalecen la confianza y promueven decisiones de desarrollo orientadas al largo plazo.

Las bajas expectativas en los últimos años pueden explicarse –además de otros factores externos que afectan con fuerza una economía como la chilena– por una gestión deficiente. De acuerdo con la última Encuesta de Opinión Política P!ensa 2025, el 63% de los habitantes de la Región de Valparaíso desaprueba la labor del gobierno y tres de cada cuatro creen que el país está estancado o en retroceso. Sin embargo, la encuesta muestra un brote de esperanza: la mitad de la población regional confía en que Chile estará mejor dentro de tres años, tendencia que viene en aumento considerando que sólo un tercio lo creía hace un año.

Pero ¿qué explica este renovado optimismo? Los procesos electorales tienen un enorme poder para regenerar las esperanzas, como muestra el Latinobarómetro 2024 en toda la región. Pero la esperanza no es lo mismo que la confianza y es la confianza la que mueve, finalmente, las expectativas económicas.

Entonces, ¿cómo recuperar la confianza? Como la evidencia indica, se necesita que las narrativas creíbles se traduzcan en resultados tangibles. De esta manera, la posibilidad de crecer sobre el 3% dependerá en gran parte de que los actuales candidatos puedan cumplir con sus promesas y capitalizar el envión anímico que presenta este nuevo ciclo. Pero esto no será tan sencillo. Cuando las economías no crecen lo suficiente, como hemos visto en los últimos años, se erosiona la confianza en los gobiernos, lo que frena la inversión y deviene en un crecimiento cada vez más esquivo. Un estancamiento prolongado que conocemos bien en América Latina.

Un gobierno promercado puede favorecer la inversión y así impulsar, marginalmente, el crecimiento. Pero para que el círculo gire con fuerza en esta dirección, se requiere de reformas que eleven la productividad, amplíen la fuerza laboral, aumenten la inversión y corrijan el desequilibrio fiscal, entre otras cosas. Para ello será fundamental que la próxima administración cuente con un Congreso que le permita ejecutar sus promesas y que éstas no se diluyan en discursos sin resultados. Solo así este nuevo brote de esperanza podrá consolidarse en mayor confianza en nuestras instituciones, mediante una gestión efectiva y responsable que entregue estabilidad política.

Las próximas elecciones pueden abrir el camino, pero el verdadero trabajo comienza después. Recuperar la confianza institucional no es un mero gesto simbólico: es el punto de partida para que Chile vuelva a crecer de forma sostenida.

 


Columna publicada en El Mercurio de Valparaíso