La receta latinoamericana
No soy la primera ni seré la última en abordar este tema, pero el grave error en las estimaciones de los ingresos fiscales tiene múltiples repercusiones para el país. En pleno inicio de un año electoral, el gobierno ha prometido recortes de gasto, mientras otros actores alertan que la meta fiscal podría volver a incumplirse por segundo año consecutivo. ¿Nos estamos pareciendo cada vez más a nuestros vecinos? La respuesta parece ser que sí.
Desde los años ’90, el gasto público en Chile ha crecido en promedio un 5,9% real anual. Si tomamos en cuenta los últimos 15 y 10 años, esta cifra se reduce a un 4,9%, y al excluir los periodos de crisis, baja a un 4%. En 2024, el aumento fue de un 3,5%, y todo apunta a que en 2025 continuará expandiéndose en la misma magnitud.
El principal error de 2024 fue la sobreestimación de los ingresos. Para este año, la Dirección de Presupuestos proyecta un crecimiento real del 8,4%, mientras que el gasto aumentaría 2,7%, un punto por encima de lo aprobado en la Ley de Presupuestos. No obstante, estas cifras son transitorias y podrían ajustarse con medidas correctivas dentro del marco de la Ley de Responsabilidad Fiscal.
Si nos detenemos en los ingresos, un crecimiento real superior a 8,4% no es trivial, considerando que en la última década solo lo hemos observado en 2018 y 2021, este último con una base de comparación extremadamente baja. Por otro lado, desde los 90 en años electorales -excluyendo 2021 y 2009 por sus particularidades- el gasto suele acelerarse en torno a 0,7 puntos porcentuales, salvo en 2013.
La situación en la que nos encontramos se torna cada vez más difícil; incumplimos la meta fiscal un año, puede que lo volvamos a hacer en 2025 y en 2023 financiamos gasto corriente con fuentes de ingreso poco transparentes. Estas mayores presiones fiscales pueden derivar en alertas de organismos internacionales, eventuales revisiones a la baja en la calificación crediticia del país, y tasas de interés más altas tanto para la deuda del Estado como para los chilenos, entre otros efectos. En definitiva, nos parecemos cada vez más al resto de la región.
Los errores de 2024 ofrecen al gobierno la oportunidad de evitar un nuevo incumplimiento y, con ello, dejar un legado fiscal menos negativo. ¿Tomarán el desafío o repetirán la historia?
Columna publicada en La Segunda