Mejor gestión, mejor evaluación

Mejor gestión, mejor evaluación

Que la evaluación ciudadana de los alcaldes de la Región de Valparaíso calce, en general, con lo que se observa en el territorio no es casualidad. La EOP es una de las pocas encuestas que mide, de forma ininterrumpida desde 2017 y con la misma metodología, la evaluación de autoridades comunales nombrando a cada alcalde o alcaldesa específico. Eso permite algo poco común en estudios de opinión: seguir la trayectoria de una misma persona en el cargo —incluso cuando pierde una elección y vuelve a ganarla años después— en lugar de conformarse con una fotografía aislada y sin contexto histórico.

Esa continuidad metodológica es la que permite un primer hallazgo interesante: en la escala comunal, la evaluación funciona más como una auditoría de gestión que como un plebiscito ideológico. Conviven, en los mismos buenos rangos de aprobación, autoridades de distintos sectores políticos (como la alcaldesa Corti y el alcalde Ramírez) y niveles de experiencia (como el alcalde Mella y Pallares). El color político deja de operar como predictor y el desempeño concreto —servicios, seguridad, espacio público— pasa a explicar la mayor parte de la varianza. Es un contraste útil frente a la política nacional, donde la identidad partidaria suele filtrar la evaluación antes que la gestión misma.

Un segundo patrón interesante es el del tiempo como variable. No todas las autoridades entrantes reciben una luna de miel inicial; algunas construyen su evaluación de forma progresiva, despegándose recién con el correr de los meses de la sombra que dejó su predecesor (veamos a la alcaldesa Nieto, por ejemplo). Esto sugiere que la ciudadanía no evalúa en el vacío, sino en comparación con una gestión anterior concreta y reciente, lo que vuelve la evaluación comunal un ejercicio comparativo más que una impresión pura sobre la persona.

El tercer hallazgo es quizás el más contraintuitivo: la popularidad nacional de una autoridad y su evaluación local no necesariamente corren en paralelo. Allí está la alcaldesa Ripamonti. Es posible construir una proyección pública relevante fuera de la propia comuna —vía exposición mediática o alineamiento con ciertos debates de escala nacional— sin que eso se traduzca en una evaluación destacada entre los propios vecinos, que juzgan con otra vara: la cotidianidad concreta de la gestión municipal.

En conjunto, estos tres patrones —gestión por sobre color político, evaluación construida en el tiempo y desacople entre imagen nacional y desempeño local— solo son visibles gracias a una serie de datos larga, consistente y nominal. Ahí está el verdadero valor de instrumentos como la EOP: no se limitan a medir un nivel de aprobación puntual, sino que permiten dar luces sobre por qué esa aprobación se mueve como se mueve a lo largo del tiempo.


Columna publicada en El Mercurio de Valparaíso