Republicanos al poder: cómo crecer sin perder el alma

Republicanos al poder: cómo crecer sin perder el alma

El paso de José Antonio Kast a segunda vuelta marca el inicio de un tránsito inevitable: dejar de ser solo líder de partido para convertirse en referente de toda la oposición y, en caso de ganar, en Presidente de todos los chilenos y líder llamado a unir a la derecha. Para esto requiere libertad estratégica y flexibilidad táctica.

La eventual llegada de Kast a La Moneda ––que se suma a la estructura territorial de concejales y consejeros regionales elegida en 2024 y a haberse convertido en el partido más votado ayer en la elección parlamentaria–– corona un crecimiento vertiginoso para el Partido Republicano.

Sería, con solo seis años de vida, su mayor logro pero también problema: deberá cuidar su identidad y sobrevivir a un gobierno que puede diluirlos. De ahí la urgencia de ratificar qué tipo de partido son y cómo renovarse en el éxito.

1. ¿Derecha radical o conservadora? Se ha puesto de moda distinguir entre una derecha tradicional y otra populista-radical o “ultra”, según su mayor o menor apego a las instituciones de la democracia liberal. Son etiquetas útiles para comprender ciertas experiencias extranjeras, pero aplicadas mecánicamente a Chile terminan metiendo en el mismo saco realidades muy distintas.
  • Por mucho que para un sector de la izquierda —por cálculo electoral y dificultad para procesar la diversidad— casi todo lo que está a su derecha sea “ultra” (como antes lo fue Piñera), lo cierto es que Republicanos no ha desconocido resultados electorales, no propone desmantelar el pluralismo ni “saltarse” el Congreso y ha optado por competir y ganar dentro de las reglas.
  • En la historia reciente de Chile, quien sí puso en riesgo la democracia liberal fue la izquierda octubrista, al validar la violencia política y promover una Constitución que amenazaba la separación de poderes, el pluralismo y los derechos de las minorías.
  • Republicanos, escisión de un partido “tradicional” como la UDI, es más bien una derecha conservadora competitiva, de inspiración cristiana y subsidiaria, con un mensaje y estilo nítido que busca gobernar dentro del marco institucional antes que romperlo.
2. ¿Partido de nicho o de masas? Republicanos llegó a esta elección como un partido ideológicamente muy nítido, cohesionado y de cuadros. El resultado, sin embargo, lo tensiona: sostener un gobierno, ordenar una bancada grande y articular una mayoría parlamentaria. En alguna dimensión, una disyuntiva similar a la que tuvo la UDI en 1999.
  • La tentación será moderar el discurso, permitir corrientes internas y bajar las barreras de entrada para absorber a todos los que quieran subirse al carro del poder. Sería la receta perfecta del fracaso: la elección demostró que incluso como partido doctrinario se puede aspirar a la Presidencia de la República.
  • La clave está en el equilibrio: ser todo lo grande que se pueda sin perder la nitidez ideológica que lo distingue. Un partido muy organizado y disciplinado, pero al mismo tiempo popular y con vocación de mayoría.
  • Debe diferenciarse de parte de la llamada “derecha tradicional” no por su relación con la democracia liberal, sino por su opción preferente por los sectores medios y más modestos, con un estilo auténtico, anclado en una antropología cristiana y alejado del turismo social.
  • A su vez, radical contra la corrupción y resuelto en defender sus banderas: contribuir a un gobierno pragmático no significa ser siempre el que cede en ese pragmatismo, menos cuando el ánimo social acompaña algunas ideas propias.
  • La disciplina —como muestran las sanciones a figuras díscolas— es un activo, no un defecto “sectario”, y es precisamente la deriva de indisciplina y falta de línea clara de Chile Vamos la que Republicanos debería evitar para mantener la nitidez de su proyecto político.
3. Gobernar sin morir en el intento. Llegar a La Moneda puede ser, para Republicanos, un regalo envenenado. El partido tendrá el desafío de equilibrar el pragmatismo que exige el ejercicio del poder —dándole flexibilidad táctica a Kast— con la necesidad de mantener la identidad y la nitidez de un proyecto político de largo plazo.
  • La alianza electoral para segunda vuelta que se dibujó ayer tiene que prefigurar una coalición de gobierno amplia, capaz de darle al eventual “gobierno de emergencia” un sustento parlamentario para implementar las reformas que hagan posible el “cambio radical” prometido y enfrentar a esa parte de la izquierda que no le reconoce legitimidad para gobernar.
  • La mayoría parlamentaria elegida ayer es inicial y, en buena medida, teórica: deberá ratificarse en el tiempo y se pondrá a prueba en cada proyecto de ley relevante, en un contexto de fragmentación e indisciplina parlamentaria. En un eventual gobierno, acertar con el Ministro Secretario General de la Presidencia será decisivo.
  • Kast, de ser elegido, será Presidente de todos los chilenos. Además de jefe de Estado y de Gobierno, será el jefe de una coalición que debiera aspirar a ser lo más amplia posible. Para ello está bien posicionado en el centro de la actual oposición: proviene de Chile Vamos y acaba de ser aliado parlamentario de los libertarios y de Kaiser en la elección.
  • Desde esta segunda vuelta —y sobre todo si llega a La Moneda— Kast está llamado a ser el líder que una a la derecha, no en la vana pretensión de mimetizar los distintos proyectos a la sombra del gobierno, sino en la convicción de que esa diversidad siempre ha existido y que lo que ha faltado es liderazgo para actuar de manera unitaria y espíritu de grupo en los momentos decisivos, como el actual, donde están las condiciones para conducir una restauración del orden.
  • La libertad y flexibilidad táctica que requiere Kast para la segunda vuelta y, eventualmente, para ejercer ese liderazgo unificador, tienen que ser comprendidas por Republicanos y por el resto de la coalición.
  • La otra cara de esa moneda es que ante la fuga de cuadros hacia un eventual gobierno y la fragilidad propia de una organización con solo 6 años de vida- el principal desafío de Republicanos será sobrevivir a su eventual gobierno.
  • Vale decir, no mimetizarse, renovar sus liderazgos y fortalecer su orgánica —directiva, regiones, centros de estudio, formación de jóvenes, etc.— de modo que, tras cuatro años en La Moneda, el proyecto siga echando raíces y se proyecte en el largo plazo.

Columna publicada en Ex Ante