¿Sabemos qué piensan los candidatos?
En los últimos meses, tres temas han estado presentes constantemente en la agenda pública: seguridad, crecimiento y corrupción. El secuestro de un exalcalde la semana pasada, opacado hasta cierto punto por las primarias, y la solicitud a la OEA por parte de EE.UU., Argentina y Perú de declarar al Tren de Aragua como una organización terrorista —petición a la que nuestro país debería sumarse— son algunas noticias clave sobre el crimen organizado y la seguridad.
En términos de crecimiento, el Imacec de mayo creció menos de lo esperado, aún estamos lejos de una tasa de crecimiento en torno al 3% y navegar el contexto económico internacional actual es cada vez más complejo e incierto. Finalmente, los casos de corrupción que se destapan día a día afectan profundamente la confianza de la ciudadanía en las reglas impuestas.
Por cierto, cada uno de estos temas tiene más de una arista y la pequeña descripción está basada solo en los eventos más recientes. Sin embargo, estas dimensiones afectan a las personas de distintas maneras: desde cambios forzados en sus hábitos por la situación económica o de seguridad, hasta un creciente hastío al ver como algunos pueden “salirse con la suya”. Pero ahora que ya están definidas las candidaturas de todos los sectores políticos, podemos observar que hay un gran grupo de electores —sean estos con una ideología más cercana al centro o aquellos que no sienten cercanía con ningún partido tradicional— que no estarían representados por ningún candidato.
¿Qué proponen los candidatos para encantar a estas personas? ¿Presentarse como un mal menor frente al adversario o como una candidatura capaz de resolver las urgencias señaladas?
Esta cuestión presenta una disyuntiva importante. No es lo mismo votar por un candidato porque considera que el oponente es peor, que hacerlo por la convicción de que puede hacer mejor las cosas. Es en este último punto en el que los candidatos parecen estar más débiles. Salvo por algunas intervenciones puntuales, no queda claro qué piensan sobre los últimos eventos que afectan al país.
¿Cómo piensan relacionarse con Estados Unidos y China frente al complejo escenario internacional? ¿Cuál es su opinión sobre el crimen organizado y cómo enfrentarán las nuevas dinámicas que este conlleva? ¿Qué proponen para volver a la “senda del desarrollo”?
Es cierto que el periodo de campañas recién comienza y aún quedan candidaturas independientes por definirse. Pero de los candidatos de los partidos establecidos uno esperaría una mayor presencia y una respuesta clara frente a algunas —sino todas— estas contingencias, buscando conectar sus propuestas con las prioridades del electorado. Especialmente si se considera que, entre más tiempo pasa, más se abre el camino para que candidaturas díscolas se presenten como una alternativa viable para la ciudadanía.
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Carta publicada en La Segunda