SIMCE: Otra lectura a los resultados

SIMCE: Otra lectura a los resultados

Los resultados del SIMCE, especialmente en 4° básico, han traído un aire de optimismo a la educación chilena. El significativo avance de cinco puntos en matemáticas y de seis en lectura respecto a 2023, refleja un esfuerzo por recuperar el terreno perdido tras la pandemia. Asimismo, en esta generación se observa una reducción de la brecha socioeconómica en ambas pruebas y una menor brecha de género en lectura. Sin embargo, no todos los estudiantes han progresado de igual manera y aún queda mucho por hacer.

Aunque los avances pueden ser alentadores, el porcentaje de estudiantes sin competencias adecuadas sigue siendo crítico; por ejemplo, en 4° básico un 52,2% no alcanza el nivel esperado en lectura. Si bien esta cifra muestra una leve mejoría respecto a años anteriores y al período prepandemia, esta variación positiva no se replica en los cursos superiores. En 6° básico, cuya última evaluación era de 2018, un 68,3% no logra los aprendizajes adecuados en lenguaje y no se observan mejoras importantes desde 2013. En II° medio, la situación es similar: un 78,1% no alcanza los niveles esperados en lectura. Estos datos evidencian que, a medida que avanzan los cursos, las desigualdades en educación, sumadas a los efectos de la pandemia, persisten y el progreso se estanca o incluso retrocede.

Este escenario nos lleva a una pregunta inevitable: ¿cómo será el futuro de estos estudiantes? Si ya tantos niños y jóvenes presentan rezago lector, es imperioso poner el foco en soluciones prácticas que les permitan dominar esta habilidad antes de que terminen su experiencia escolar, sobre todo considerando que mientras mayor es un estudiante, más rezago parece presentar. Se debe actuar con urgencia para evitar que estos jóvenes, cada día más cerca de la adultez, se conviertan en una generación de adultos iletrados o con conocimientos perdidos. Asimismo, es crucial avanzar con mayor fuerza para que las brechas de género y socioeconómicas -que aunque muestran leves reducciones siguen siendo significativas- no condenen a estos estudiantes a un futuro de desigualdad.

En este sentido, medidas realistas como regular el uso de celulares, enseñar el manejo responsable de redes sociales e integrar la inteligencia artificial podrían ser alternativas innovadoras. Además, los buenos resultados de algunos Servicios Locales de Educación Pública (SLEP) abren una oportunidad para implementar iniciativas que fortalezcan el aprendizaje y la convivencia, replicándolas en otros contextos. Por último, es esencial priorizar el acompañamiento en lectura desde los primeros años, realizando mediciones aún más tempranas -como la aplicación del SIMCE de lectura desde 2° básico como se evaluaba anteriormente- e implementar intervenciones específicas para quienes están en mayor riesgo de rezago.

Esperamos que los avances reflejados en el último SIMCE sean el inicio de una tendencia sostenida y que este año escolar sea aún mejor para los estudiantes de nuestro país. Pero esto solo será posible si comprendemos qué hay detrás de estas cifras y asumimos con urgencia los desafíos pendientes, como el reforzamiento temprano a aprendizajes fundamentales, la mejora de la convivencia escolar y el combate a la inasistencia y desmotivación escolar. Solo así podremos asegurar que ninguna generación quede atrás y que el sistema educativo chileno sea verdaderamente una herramienta de equidad y movilidad social.

 


Colabora Catalina Díaz, Directora de Comunicaciones y Vinculación Fundación Letra Libre

Columna publicada en El Observador.