Sobre las contribuciones
Señor Director,
El debate sobre contribuciones no se agota en consideraciones utilitaristas o de finanzas públicas. Por un lado, este refleja una tensión entre un impuesto con reglas desactualizadas y percibidas como poco transparentes y, por el otro, hace un llamado a la cautela por su impacto en el financiamiento municipal.
Conviene dimensionar el fenómeno con datos. En 2025, los inmuebles habitacionales aportaron cerca del 30% de lo recaudado por contribuciones, pero solo uno de cada cuatro inmuebles habitacionales pagó algún grado de impuesto territorial. Por ello, cualquier propuesta relativa a la primera vivienda tiene un impacto más acotado de lo que suele sugerirse. Con todo, acotado no significa gratis, pues si la recaudación baja, alguien deberá reemplazarla, ya sea con mayores transferencias o con nuevas cargas fiscales.
También existen percepciones negativas sobre su legitimidad. Prácticamente en todas las comunas del Gran Santiago existen cuadras donde viviendas muy similares enfrentan obligaciones distintas, incluidas exenciones totales, alimentando una percepción de arbitrariedad. A esto se suman hechos contraintuitivos cómo que, en promedio, las viviendas más antiguas tienen mayor probabilidad de pago, y que existen dispersiones relevantes entre avalúo fiscal y precio de venta, donde el primero incluso puede superar al segundo. Todo ello se agrava por un sistema difícil de auditar y con información que no siempre es fácil de acceder.
Más que soluciones dicotómicas y aisladas, necesitamos discutir su diseño en profundidad. El desafío no es fácil, pero no puede simplificarse.
Carta publicada por El Mercurio