El éxito no está en repartir cargos, sino en fijar un norte, alinear incentivos, y evitar guerras internas.

El éxito no está en repartir cargos, sino en fijar un norte, alinear incentivos, y evitar guerras internas.

Heredero del gremialismo regional y puente entre Chile Vamos y la derecha del Partido Republicano, de la que cada vez está más cerca, el director ejecutivo de la Fundación Piensa, Juan Pablo Rodríguez, aparece entre las principales cartas para asumir la Delegación Presidencial Regional. Desde esa posición expectante -tampoco despreciaría una invitación para trabajar directamente en La Moneda- analiza la ingeniería política que requerirá José Antonio Kast para gobernar y sacar sus compromisos adelante, específicamente en la región.

– De cara a la próxima instalación del gobierno en la región y dada la danza de nombres que suenan en el cargo de delegado, donde usted es opción para asumir, ¿cuál es el perfil que requiere ese rol?

– Creo que en este ciclo, dado el gobierno de emergencia y el foco en seguridad, la figura del delegado regional será más importante que en el pasado. Veo un muy buen ánimo a nivel local de colaboración entre los distintos mundos de la actual oposición para su nombramiento. Los nombres que han trascendido en la prensa cuentan con condiciones para ejercer el cargo, y espero, por el bien de la región, que el nuevo delegado esté a la altura, especialmente en el desafío de volver a hacer de nuestra tierra un lugar en el que se pueda vivir en paz.

“La luna de miel es corta”

– El académico Cristóbal Rovira plantea que Kast enfrentará la contradicción entre moderarse y molestar a los propios, o radicalizarse y quedar mal con la ciudadanía. ¿Comparte esa tesis?

– Una vez elegido, Kast ha derribado las caricaturas que se instalaron de él: que era rígido, de trinchera o nazi. Su discurso de triunfo, las reuniones con los expresidentes y el llamado a formar una coalición con todas las fuerzas del Rechazo insinúan claramente que propone un gobierno tan amplio como la realidad lo permita, incluso más que los de Piñera, centrado en la nueva cuestión social. Me refiero al estancamiento económico, crisis de seguridad, desorden migratorio y urgencias como las listas de espera.

– ¿Qué tipo de coalición vislumbra y qué tanto contraste cree que habrá entre las almas del gobierno?

– Kast propone una coalición desde el Partido Nacional Libertario hasta Demócratas, capaz de formar un bloque de gobernabilidad en el Congreso con votos del PDG, la DC o incluso del Socialismo Democrático. El modelo que se viene es el de Meloni: unir a una nueva derecha, dotada de energía, con la derecha tradicional, portadora de experiencia. El éxito de la convivencia no está en repartir cargos, sino en fijar un norte, alinear incentivos y evitar guerras internas, aunque se compita civilizadamente. Hay que tener cuidado con que esta amplitud no se construya sólo hacia el centro, sino también hacia la derecha, con programas y símbolos. Eso es lo que vi con la foto con Frei y al posar con Milei. Si lo logra, Kast puede encabezar una serie de gobiernos sucesivos, anclados en la derecha y parte del centro, capaces de sacar al país de la decadencia.

– ¿El momento cultural le permitirá a Kast involucrarse en temas valóricos como aborto o matrimonio igualitario?

– No comparto que los gobiernos deban limitarse únicamente a las causas mayoritarias, pero cada ciclo tiene su afán. El descalabro institucional y la urgencia de resolver problemas básicos hacen que la propuesta de un gobierno de emergencia sea una priorización necesaria. Además, en política cumplir con la palabra empeñada es esencial, y Kast ha sido coherente y explícito en su compromiso de concentrarse en esos temas urgentes antes que en disputas valóricas o culturales que hoy no son mayoritarias.

– Respecto a la seguridad y medidas como el Rol Único de Vándalos, ¿cree que habrá margen social y político para cambios bruscos?

– La legitimidad inicial la tiene: su resultado electoral le otorga un mandato amplio. Quienes busquen desestabilizar están destinados al fracaso, porque el ánimo social demanda una restauración del orden. Pero la luna de miel es corta. Mientras mantenga la popularidad, Kast sacará adelante su agenda, porque hasta la izquierda tendrá poco espacio para rechazar iniciativas demandadas por la ciudadanía. Es clave que en los primeros días se den señales que generen un clima de opinión que reconozca el cambio de timón.

Salir del congelador

– En el mapa económico regional, ¿hay margen para destrabar proyectos públicos y privados hoy detenidos por la excesiva permisología?

– Hay muchísimo margen. Llegó la hora de que la Región de Valparaíso salga del congelador y se activen iniciativas detenidas por rigidez kafkiana e ideología antidesarrollo. Enfrentamos una tensión creciente entre desarrollo y rigidez del Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA). Urge modificar un sistema que tiene problemas de diseño y transfiere un poder desmedido a quienes buscan obstaculizar. Si cualquiera puede parar proyectos que benefician a cientos de miles, estamos condenados al subdesarrollo.

– ¿Cuáles son los principales desafíos económicos regionales y qué viabilidad hay de concretarlos?

– Más allá de los incentivos generales para volver a dinamizar nuestra economía, si queremos retomar el camino al desarrollo tenemos que recuperar la capacidad de materializar proyectos. Es fundamental avanzar en una ley para que un listado de proyectos estratégicos tenga un fast track que les permita sortear la institucionalidad actual y avanzar rápidamente, de modo de reactivar la economía, salir del estancamiento y dotarnos de capacidades estratégicas que el país requiere.

– ¿Podría enumerar los principales proyectos que deben avanzar?

– En términos regionales, resultan prioritarias las expansiones de los puertos de San Antonio y Valparaíso. Creo que hay que desechar el proyecto actual de tren a la Región Metropolitana y volver a una iniciativa público-privada con un trazado lógico y ambicioso, que pase por Casablanca, con ramales a los puertos. A su vez, hay que incentivar la inversión privada en plantas desaladoras y la inversión pública en embalses. Hay que abordar la crisis de vivienda ampliando la oferta y liberando restricciones para reactivar la construcción. Y, por cierto, materializar las obras de infraestructura vial intra e interregional que se han postergado por décadas.

– Tras la foto de la motosierra, ¿los recortes deben ser al estilo Milei o las realidades de ambos países son incomparables?

– Con Argentina somos muy distintos, tanto idiosincráticamente como por la profundidad del problema económico. De ahí que las comparaciones simplonas no pasen de ser caricaturas. Ahora bien, es urgente que Chile equilibre sus cuentas, detenga el crecimiento de la deuda, corte el despilfarro y focalice el gasto. En ese sentido, la meta propuesta por Kast en campaña es ambiciosa pero necesaria.

– Como fundación dedicada a lo regional, ¿cree que es posible reformar la estructura del gobierno central en regiones para hacer más eficiente el Estado?

– No es que se pueda: se debe reformar con suma urgencia el Estado, especialmente el régimen de empleo público, también en gobiernos regionales y municipios. Lamentablemente, hoy el proceso de descentralización está estancado por el centralismo de siempre. Hay que hacerse cargo de esa crítica, modernizando los gobiernos subnacionales y estableciendo mecanismos de control de gestión, rendición de cuentas y transparencia. Hay mucho espacio para hacer más eficiente la administración del Estado en regiones, por ejemplo, pasando a lógicas macrorregionales en algunas posiciones clave, como ya existe en algunas seremías, evitando duplicidad de funciones y, en municipios, generando incentivos para que no existan administraciones paralelas.

“Quienes busquen desestabilizar están destinados al fracaso, porque el ánimo social demanda una restauración del orden”.


Noticia subida en El Mercurio de Valparaíso