Abogado de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso y profesor en su escuela de Derecho, el director ejecutivo del centro de estudios Piensa comenta el escenario político con miras a elección y un eventual gobierno de José Antonio Kast.
-Jeannette Jara ha optado por un tono mucho más duro y confrontacional con José Antonio Kast. ¿Es una estrategia que puede dar frutos?
-Me parece una estrategia para evitar el desfonde, pero que no acorta la brecha. Si bien es un giro que le sirve para ordenar a su base y evitar lo que podría ser una derrota humillante, no veo que cambie el cuadro de fondo, pues las campañas excesivamente agresivas tienden a alejar al votante moderado. Por ejemplo, la virulencia que mostró en el debate de la ARCHI puede ser atractiva comunicacionalmente, pero refuerza en Kast, por contraste y gracias a su templanza, una mayor estatura presidencial, pese a la debilidad en alguna de sus respuestas.
–Kast sería el próximo presidente según las últimas encuestas. ¿Qué errores debe eludir? ¿Evadir preguntas o contestar “depende” le puede afectar?
-Lo primero -y hasta ahora lo ha logrado- es no caer en la provocación permanente de Jara y seguir transmitiendo calma y esperanza. En segundo lugar, no debe confundir prudencia con ambigüedad, ni en la campaña ni en una eventual presidencia. Es evidente que están jugando partidos distintos: su altísima probabilidad de triunfo le impone un deber de cautela que Jara no tiene.
Pero una cosa es ser prudente y otra esconder la pelota. La ambigüedad termina restando credibilidad, y ese es precisamente su principal activo hoy, tanto en seguridad como en orden institucional. Si ese capital se erosiona, no solo se debilita su legitimidad futura, también puede tener costos electorales en estos últimos días.
-Jara se podría encaminar a una derrota histórica de la izquierda, quizás la peor en medio siglo. ¿Qué consecuencias puede tener para ella y su sector?
-Si se confirma, será la constatación de algo más hondo: la ruptura entre la izquierda y los sectores populares que, tras la decepción octubrista, hoy exigen orden y confían en la derecha para enfrentar la nueva cuestión social marcada por inseguridad, inmigración y estancamiento.
En muchos de sus antiguos bastiones hoy gana Kast o Parisi, y si la derecha logra seguir proyectando el clivaje del “Rechazo” puede encadenar gobiernos sucesivos. El peor escenario para la izquierda sería la consolidación de un proyecto de derecha popular que muestre resultados donde ella se quedó en discurso y agendas identitarias alejadas del ciudadano común. Si se da este resultado, Jara quedará desmejorada tanto para liderar a la eventual oposición como para tener un rol preponderante en su partido.
-Gabriel Boric podría ser uno de los grandes damnificados del fracaso de la izquierda. ¿Cuál es su responsabilidad y cómo dañará su legado? ¿Afectará su posible candidatura en cuatro años?
-Boric tiene la responsabilidad principal de haber conducido a la izquierda a una cadena de fracasos electorales: el “Rechazo”, las municipales, las parlamentarias y, eventualmente, la actual presidencial. Y, además, haber desperdiciado, desde la mirada de izquierda, una oportunidad histórica para impulsar cambios estructurales: tras el 4 de septiembre de 2022 su gobierno pasó, en los hechos, a ser uno de mera administración.
Ahora bien, eso no necesariamente afectará su futuro presidencial. Al contrario, ha demostrado la habilidad política de convertirse, como Bachelet, en un punto de encuentro entre los distintos mundos de la izquierda. Por eso, pese a este ciclo de derrotas, es perfectamente plausible que vuelva a ser llamado a liderar a su sector en el corto o mediano plazo.
-¿Es posible que la izquierda juegue un papel incendiario en un gobierno de Kast? ¿Puede reeditar un estallido?
-Hay una parte no menor de la izquierda que sigue sin reconocerle legitimidad a la derecha para gobernar y que probablemente intentará todas las “formas de lucha” posibles para desestabilizar a un eventual gobierno de Kast. Es esperable que se reactiven grupos que han estado en silencio con Boric: no sería raro que quienes no marcharon contra Monsalve sí salgan a la calle frente a cualquier excusa en un gobierno de Kast.
Sin embargo, el clima social hoy no es el de 2019: después de años de violencia y deterioro del espacio público, la mayoría quiere orden y normalidad. Si la izquierda se equivoca de libreto, apuesta a incendiar la calle y le niega la sal y el agua al gobierno -incluida la agenda de seguridad y la social-, el riesgo es que termine aún más aislada.
Por su parte, Kast debe entender que la gobernabilidad no se juega solo en el Congreso. Necesitará resolución para hacer respetar el Estado de Derecho e inteligencia práctica para anticipar conflictos, algo a lo que ayudaría un gabinete territorial y socialmente diverso.
-¿Qué tan compleja será la articulación entre las derechas después del 14 de diciembre, existiendo diferencias significativas entre ellas? ¿Cuál es el futuro de Chile Vamos?
-Kast está bien plantado en el centro de la oposición y su habilidad política y capacidad de diálogo le ha permitido articular una coalición de segunda vuelta que reúne a todo el mundo del “Rechazo”. Eso debiera prefigurar una coalición de gobierno igualmente amplia, capaz de construir un bloque de gobernabilidad con apoyos del PDG y de sectores moderados de centroizquierda en temas clave.
Los Nacional Libertarios deberían reforzar un eje de gravitación duro en el gobierno. El Partido Republicano debe conservar su identidad y no diluirse en el ejercicio del poder. Chile Vamos, en cambio, tiene que explicitar con nitidez cuál es su proyecto y ofrecérselo al país. No creo en la disputa por la hegemonía, sino en la competencia civilizada. Kast está llamado a dejar de ser jefe de partido para convertirse en conductor de una coalición, unir a la derecha sin asfixiar su diversidad y abrir un ciclo de gobiernos sucesivos que saquen al país de la decadencia.
Entrevista publicada en Ex Ante