El director ejecutivo de Piensa, centro de estudios que promueve una sociedad libre y responsable, comenta el escenario político que se espera para 2026, luego del triunfo arrollador de José Antonio Kast.
-El año 2025 dejó como hito político la derrota histórica de la izquierda. ¿Qué responsabilidad tiene Boric?
-La historia puso a Boric como líder de la izquierda chilena en un momento en que lo tuvo todo para hacer lo que quisiera y terminó, fracaso tras fracaso, cerrando un ciclo de transformaciones -originado con Bachelet II y el estallido-, abriendo un ciclo de restauración -iniciado con el Rechazo- y entregándole la presidencia a un republicano.
Haber perdido esa ventana de oportunidad es una farra histórica para la izquierda y Boric tendrá que rendirle cuentas. Optó por no gobernar antes del primer plebiscito constitucional y llamó a aprobar un esperpento ampliamente rechazado por la ciudadanía. Tras eso, su gobierno derivó en mera administración, mientras la derecha se fortalecía y el país se reordenaba electoralmente, de cara al futuro, en torno a ese Rechazo. Ahí está su responsabilidad política mayor.
-Por primera vez será presidente una persona que votó Sí a Pinochet en el plebiscito de 1988. ¿Crees que se abre un nuevo ciclo?
-La defraudación de la promesa octubrista ha propiciado una suerte de contrarrevolución y el voto obligatorio ha disminuido el peso relativo de los votantes politizados, para quienes sigue siendo relevante el plebiscito del 88. Además, el estancamiento económico, la inseguridad y el desorden migratorio han hecho que lo que ayer se consideraba extremo hoy sea sentido común.
Habrá que ver cómo evoluciona este nuevo escenario, en particular si el votante obligado resulta más conservador o más opositor. Si es lo primero, y Kast tiene el talento de articular al Rechazo en una coalición, veo viable un ciclo de gobiernos sucesivos, con anclaje en la derecha, que saquen al país de la decadencia.
-Kast comenzó con gran intensidad su período como presidente electo. ¿Cuáles han sido sus aciertos y desaciertos?
–Ha ido derribando, una a una, las caricaturas que se construyeron de él, proponiendo un gobierno de unidad nacional e insinuando una coalición amplia, desde Nacional Libertarios hasta Demócratas.
Si bien la apertura al centro es fundamental, y demuestra talento y flexibilidad táctica, me parece relevante no descuidar ni su mundo ni su derecha. Tan importante como hablarle al centro es construir con la derecha, sobre la base de programas y símbolos. A su vez, convocar al centro no servirá de nada si la derecha no se ordena para gobernar.
El mandato expresado en las urnas fue claro y la promesa electoral, nítida: el nuevo gobierno debe ser pragmático en su agenda, pero radical en su voluntad de cambio.
-¿Y qué señales ha dado la futura oposición de izquierda? ¿Cómo visualizas su rol?
-Una parte relevante de la izquierda considera ilegitimo que la derecha gobierne. Esa convicción, expresada en 2019, sigue vigente y se refleja en el último informe del Comité Central del PC, que llama a volver a la calle para desestabilizar.
Esto, junto al voto obligatorio y a una eventual agenda legislativa de mayoría social del próximo gobierno, abre una oportunidad de diferenciación para la izquierda moderada. Así como la hora de Kast, llegó la hora de la centroizquierda: ¿se plegarán y repetirán el camino de mímesis y fracaso electoral o levantarán un proyecto alternativo?
Paradójicamente, el gobierno de emergencia de Kast puede sacar a la centroizquierda de su propia emergencia. Pero para eso se requiere una convicción, un coraje y una disciplina estratégica que aún no muestra.
-¿Puede Kast mantener el ritmo y controlar las expectativas? ¿Cuáles deberían ser los focos del nuevo gobierno para adaptarse a las demandas cada vez más complejas de la ciudadanía?
-La intensidad de Kast contrasta con el ritmo de trabajo de Boric y está en sintonía con la ciudadanía. Por eso, además de la señal de austeridad, el símbolo de vivir en La Moneda es correcto.
Dada la complejidad de los problemas, las expectativas deben manejarse en el corto plazo con comunicación efectiva y, en el mediano, con resultados. Esa combinación, centrada en los ejes del gobierno de emergencia, debe hacer visible el cambio y es la receta para sostener la popularidad y, en consecuencia, los votos en el Congreso.
Será clave anticipar conflictos, hacer valer el Estado de derecho y tener un discurso político que legitime el orden público. Y, en paralelo, empezar a restaurar el Estado en eficiencia y probidad: la descomposición moral e institucional, visible en los escándalos de corrupción en tribunales superiores y gendarmería, es un desafío titánico e ineludible.
-Uno de los grandes desafíos será manejar una coalición amplia desde Amarillos, Chile Vamos a Nacional Libertarios. ¿Qué rol debe desempeñar Johannes Kaiser y su agenda valórica conservadora?
–El desafío de una coalición tan amplia es grande -por incentivos, diferencias ideológicas y culturas políticas–, pero es clave para que el gobierno funcione. Si es viable es por el pragmatismo de Kast y porque el “gobierno de emergencia” ofrece un mínimo común capaz de ordenar a todos.
A los Nacional Libertarios les conviene entrar al gobierno por estructura y proyección, pero también por coherencia. No parece muy “nacional” restarse de un gobierno de emergencia con el que se comparte lo esencial. Chile necesita gobernabilidad para salir de la decadencia, y eso exige patriotismo y responsabilidad compartida.
Si Kaiser decide no asumir un ministerio para cuidar su proyección presidencial, puede ser prudente, pero tiene costos: es difícil construir liderazgo fuera del Ejecutivo y del Congreso. Y un ministerio bien ejercido en un área clave de la emergencia podría ser el impulso que necesita.
-¿Qué lecciones puede sacar Kast de los errores de Boric, que comenzó con alto apoyo e incluso se habló de “boricmanía”?
-Lo primero, a diferencia de Piñera y Boric, parece haberlo entendido: sus votos son más una línea de crédito que un cheque en blanco. Lo segundo es asumir que la luna de miel es corta y que la única forma de sostener apoyo es convertir expectativas en resultados y mantener cohesionados a los propios. Y lo tercero es fortalecer e institucionalizar su coalición, porque muchas veces el desorden interno es más dañino que los ataques externos.